Cuando el rock y el folclore se encuentran en una misma idea.
Hay canciones que uno escucha durante años sin advertir que, en algún lugar, otra canción está diciendo algo parecido.
Esta historia nació de una conversación con Juan Pablo Revelli, compañero y colega de radio, pero sobre todo amigo y hermano del camino en el folclore, desde su programa Sospecho, dijo Toranzo, en La Pampa.
Con Juan Pablo tenemos esa costumbre tan hermosa que permite la radio: comunicarnos, compartir canciones, hacernos preguntas, comparar. Y en una de esas conversaciones apareció una observación que quedó dando vueltas:
“Hay una cuestión con la libertad acá que coincide mucho”.
Y entonces volví a escuchar dos canciones.
Una pertenece al rock. La otra, al folclore y la canción popular argentina. Una nació en el sur de los Estados Unidos. La otra, en nuestra tierra. Una se llama “Free Bird”, de Lynyrd Skynyrd. La otra, “Corazón libre”, de Rafael Amor.
Y cuanto más las escuchaba, más sentido tenía aquella observación de Juan Pablo.
No porque una canción haya influido sobre la otra. No porque exista entre ellas una relación musical comprobable. Sino porque, a veces, dos canciones que nunca se conocieron pueden terminar encontrándose en una misma verdad humana.
En “Free Bird”, el protagonista sabe que tiene que partir. Hay afecto, hay una despedida, pero también hay una necesidad que parece imposible de negociar:
“Porque soy un pájaro libre y no me puedes cambiar”.
El pájaro es la imagen de alguien que necesita conservar su libertad, aunque para hacerlo tenga que alejarse.
Y entonces aparece Rafael Amor, desde otro universo musical, hablándole a un corazón:
“No te entregues, corazón libre, no te entregues”.
Ya no tenemos un pájaro que anuncia su partida. Tenemos un corazón al que le están pidiendo que no renuncie.
Pero las imágenes vuelven a encontrarse:
“Más viento que raíces, corazón, destrózalas y vuela”.
Pájaro, alas, viento, vuelo.
Palabras diferentes que parecen pertenecer a una misma conversación.
En “Free Bird”, alguien dice que no puede cambiar. En “Corazón libre”, alguien pide que no se entregue. En una canción aparece la necesidad de partir. En la otra, la necesidad de romper las cadenas.
Y en ambas hay una idea poderosa: la libertad también consiste en defender aquello que somos frente a aquello que pretende cambiarnos. Quizás por eso estas dos canciones pueden dialogar más allá de los géneros.
Porque cuando hablamos de folclore no hablamos solamente de ritmos, instrumentos, regiones o maneras de cantar. También hablamos de aquellas cosas que las canciones populares consiguen conservar y transmitir de generación en generación: sentimientos, preguntas, dolores, esperanzas y maneras de mirar la vida.
La libertad es una de esas grandes preguntas.
Rafael Amor lo expresa con una frase que parece escrita para continuar esa conversación:
“Durar no es estar vivo, vivir es otra cosa”.
Y “Free Bird”, desde otro lugar del planeta, también plantea que quedarse no siempre significa vivir. A veces, para ser fiel a uno mismo, hay que partir.
Las dos canciones saben que la libertad no es necesariamente un camino fácil.
Una habla del dolor de dejar atrás a alguien. La otra habla de un corazón sitiado, de frágiles cadenas, de la posibilidad de convertirse en esclavo si uno escucha aquellas voces que intentan apagarlo. Pero las dos terminan mirando hacia el mismo lugar: el vuelo.
Y quizás ahí aparece la imagen más hermosa de esta coincidencia.
“Free Bird” termina preguntándose si ese pájaro libre volará alto.
Rafael Amor no formula una pregunta.
Le dice al corazón: “Destrózalas y vuela”.
Una canción contempla al pájaro. La otra le recuerda al corazón que todavía tiene alas.
Y todo comenzó con una frase de un amigo y hermano del camino en el folclore:
“Hay una cuestión con la libertad acá que coincide mucho”.
A veces, una conversación entre amigos alcanza para volver a escuchar una canción de otra manera. Y también para descubrir que el folclore, como la música toda, tiene caminos que no siempre aparecen en los mapas.
Dos canciones, dos géneros, dos lugares del mundo. Y una misma necesidad humana: ser libres.
Por: Carlos Lucentti
Deja un comentario