Juan Domingo Smiraglia falleció el martes 13 de octubre, a los 78 años. Fue director de la Escuela Municipal de Folklore, docente del Centro Tradicionalista General Balcarce, bailarín y bombista. Formó a generaciones de artistas y llevó su enseñanza a localidades del partido, en una trayectoria dedicada a transmitir las tradiciones populares.
El folklore de Balcarce despide a Juan Domingo «Chiqui» Smiraglia, una figura vinculada durante décadas con la enseñanza de las danzas tradicionales y la música popular. Falleció el martes 13 de octubre de 2026, a los 78 años, a raíz de complicaciones de salud. Su partida generó pesar en el ambiente cultural de la ciudad, donde su nombre está asociado a la formación de bailarines, docentes y músicos.
Smiraglia fue responsable durante muchos años del Taller Municipal de Danzas Folklóricas, dependiente de la Subsecretaría de Cultura, y profesor en el Centro Tradicionalista General Balcarce. Desde esos espacios contribuyó a la transmisión de las danzas argentinas y acompañó el aprendizaje de numerosas generaciones que luego continuaron enseñando y difundiendo ese repertorio.
Su trabajo no se limitó a los ámbitos institucionales. También participó de los comienzos de la Peña El Ombú y llevó sus conocimientos a otras localidades del partido. Solía trasladarse en bicicleta hasta Los Pinos y San Agustín para dar clases, una práctica que habla de su compromiso con la enseñanza y de una concepción del folklore ligada al encuentro y a la participación comunitaria.
La danza y el bombo
La trayectoria de Smiraglia reunió distintas formas de expresión del folklore. Además de bailarín y docente, fue bombista e integró agrupaciones musicales, entre ellas Confluencias. También acompañó a Pablo Salvatierra en distintos certámenes y compartió escenarios y experiencias con referentes de la música popular balcarceña, como el «Negro» Martino y los hermanos Medina.
En esa escena local, el trabajo de músicos, bailarines y docentes permitió sostener espacios de encuentro y transmisión cultural a lo largo de distintas épocas. Smiraglia formó parte de esa trama, en la que la práctica artística se combinaba con la enseñanza y el compromiso cotidiano con las tradiciones.
Su vínculo con el folklore también se extendió a su familia. Según las reseñas publicadas tras su muerte, sus hijos siguieron caminos vinculados con la música y el deporte, dos ámbitos que también formaron parte de la vida de Chiqui.
Un reconocimiento a su trayectoria
En noviembre de 2024, la Municipalidad de Balcarce anunció un homenaje a Smiraglia en la Pulpería Carlos Máximo Cabrera. La convocatoria reunió a músicos y bailarines de la ciudad y la zona, e invitó especialmente a quienes habían compartido escenarios con él y a sus exalumnos. El reconocimiento oficial daba cuenta de una trayectoria que había dejado huellas en distintos espacios de la cultura local.
Su figura también estuvo vinculada al fútbol: en su juventud jugó en el Club Amigos Unidos de Balcarce. Esa faceta completó el recorrido de un hombre que participó de diferentes ámbitos de la vida comunitaria, aunque su nombre quedó especialmente asociado a la danza, el bombo y la enseñanza del folklore.
La huella de un maestro
La muerte de Chiqui Smiraglia deja un lugar vacío en el ambiente folklórico balcarceño, pero su trabajo permanece en quienes aprendieron con él y hoy continúan transmitiendo las danzas tradicionales. Su legado no se limita a las presentaciones ni a los años al frente de un taller: también vive en las clases, los ensayos y los encuentros donde nuevas generaciones se acercan a las expresiones populares argentinas.
En una cultura que se sostiene gracias a la transmisión entre generaciones, la tarea de los maestros resulta fundamental. Smiraglia dedicó buena parte de su vida a ese trabajo: enseñar, acompañar y compartir lo aprendido.
Balcarce despide así a un referente de su folklore, un hombre que hizo de la danza y la música una forma de participación cultural y que dejó su marca en quienes encontraron, a través de sus clases y sus actuaciones, un camino para mantener vivas las tradiciones.
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