Percusionista formado en la tradición rumbera de La Habana, fue reconocido por su dominio del quinto y su vínculo con figuras y agrupaciones fundamentales de la música afrocubana. Su recorrido incluyó colaboraciones con el Coro Folklórico Nacional, Tata Güines y Rumberos de Cuba, entre otros proyectos.
La rumba cubana despide a Maximino Duquesne Baró, conocido como «El Moro Quinto», percusionista que dedicó su vida al desarrollo y la transmisión de una de las expresiones musicales más representativas de la cultura popular de la isla. Su fallecimiento fue anunciado el 16 de octubre de 2026 y la noticia generó mensajes de pesar entre músicos y referentes de la comunidad rumbera.
Nacido en La Habana el 29 de mayo de 1939, Duquesne creció en un entorno atravesado por las tradiciones musicales de los barrios populares de la capital cubana. Sus primeros años estuvieron vinculados a espacios comunitarios donde el tambor, el canto y el baile constituían formas de encuentro y transmisión cultural. Esa experiencia marcaría su manera de entender la música y su relación con la rumba.
Su especialidad fue el quinto, el tambor que dentro de la rumba ocupa un lugar central en el diálogo rítmico y la improvisación. Más que sostener una base, el instrumento permite al percusionista responder a los cantos y los movimientos de los bailarines, construir frases y establecer un intercambio constante con el conjunto. En ese lenguaje, Duquesne desarrolló un estilo propio, reconocido por su precisión, musicalidad y capacidad de improvisación.
Una trayectoria junto a referentes de la rumba
A lo largo de su carrera estuvo vinculado a agrupaciones y músicos relevantes de la escena cubana. Entre sus experiencias se cuentan Los Parragueños, el conjunto de Carlos Embale, el Coro Folklórico Nacional, el grupo de Tata Güines, Rumberos de Cuba y Rumba All Stars.
También participó en proyectos discográficos que conectaron la tradición afrocubana con otras búsquedas musicales. Entre ellos figura Mambo Sinuendo, producción asociada a Ry Cooder y Manuel Galbán, que reunió distintas vertientes de la música cubana y alcanzó difusión internacional.
Su recorrido no se limitó a la interpretación. Duquesne fue también un transmisor de conocimientos, especialmente en torno al lenguaje del quinto, la Columbia y el guaguancó. Su experiencia interesó a músicos, estudiantes e investigadores que encontraron en su práctica una referencia para comprender los recursos rítmicos y las formas de improvisación propias de la rumba.
El maestro detrás del tambor
En sus últimos años mantuvo el vínculo con nuevas generaciones de rumberos y compartió su experiencia con integrantes de Rumba All Stars, que lo recordaron como una figura de referencia y un maestro. Su legado se sostiene tanto en las grabaciones y actuaciones como en el conocimiento transmitido de manera directa, de músico a músico.
La trayectoria de «El Moro Quinto» permite observar una dimensión fundamental de la cultura musical cubana: la continuidad de tradiciones que se aprenden en los barrios, se desarrollan en el encuentro colectivo y pasan de una generación a otra a través de la práctica.
Con su muerte, la rumba pierde a uno de sus percusionistas experimentados. Su nombre queda ligado al sonido del quinto y a una tradición que sigue viva en los tambores, los cantos y las comunidades que mantienen vigente el patrimonio musical afrocubano.
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