Canción con todos: cuando el folclore se vuelve abrazo continental

Hay canciones que envejecen y otras que, con el paso del tiempo, parecen decirnos cada vez más cosas. “Canción con todos” pertenece a ese puñado de obras que no quedaron atrapadas en una época porque nacieron para hablarles a los pueblos. Más de 50 años después de su creación, sigue emocionando, sigue uniendo y, sobre todo, sigue interpelándonos.

La historia de esta canción tiene algo de milagro artístico. En 1969, el poeta mendocino Armando Tejada Gómez caminaba por una calle de Buenos Aires cuando una idea comenzó a arderle adentro. Dicen que la inspiración lo sorprendió sobre la calle Alsina y que, casi desesperado por no perder ese instante creativo, entró a un bar abierto de madrugada. Allí, entre el humo nocturno, el silencio y un vaso de vino, escribió de un tirón una letra que terminaría convirtiéndose en patrimonio emocional de toda América Latina.

Cuando terminó, caminó hasta la casa del músico salteño César Isella, tocó el timbre y se anunció con una frase inolvidable: “Poeta a domicilio”.

Quizás ninguno de los dos imaginó lo que estaban gestando. Porque “Canción con todos” no fue simplemente una canción más dentro del folclore argentino. Fue una declaración de identidad continental, un patrimonio poético nacido en tiempos en que Latinoamérica soñaba con la unidad, la justicia social y la idea profunda de una patria grande. Y eso se percibe desde el primer verso: “Salgo a caminar por la cintura cósmica del sur”.

Esa cintura cósmica de la que habla Tejada Gómez no es solamente la cordillera de los Andes: es una imagen espiritual de América Latina, una columna vertebral que atraviesa países, culturas y pueblos distintos, pero unidos por una misma memoria, una misma sangre y una misma esperanza.

Allí radica la fuerza inmensa de la canción. No habla desde las fronteras, habla desde lo humano. Por eso pudo transformarse en un himno continental. Por eso la voz de Mercedes Sosa terminó de volverla universal. La Negra no solo la interpretó: la hizo carne, la convirtió en un canto colectivo donde cada latinoamericano podía reencontrarse.

Este 20 de octubre se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de César Isella, el salteño que le puso música a esos versos. Nacido en 1938, ya traía el camino de Los Fronterizos y se había vuelto una de las figuras del Movimiento del Nuevo Cancionero.

Según contaba el propio Isella, la canción nació después del Cordobazo, y quizás por eso suena a pueblo en movimiento y no a pieza de museo. Murió en enero de 2021, pero cada vez que alguien la canta en una plaza, en un acto o en una sobremesa, él vuelve a estar ahí: la melodía de un salteño, la letra de un mendocino y la voz de una tucumana que la llevó a todos lados.

Tal vez eso también sea “Canción con todos”: la prueba de que el folclore no entiende de provincias.

Y quizás hoy, en este presente fragmentado, la canción tenga todavía más sentido que antes. Vivimos en tiempos donde abundan las divisiones. Las diferencias políticas muchas veces se convierten en odio. Las redes sociales parecen amplificar el desencuentro. Los países levantan fronteras físicas y simbólicas.

En medio de todo eso, “Canción con todos” vuelve a aparecer como una memoria necesaria. Nos recuerda que todas las voces, todas las manos, toda la sangre pueden ser canción en el viento.

Por Carlos Lucentti

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