El cantor y compositor pampeano integró durante 36 años uno de los conjuntos fundamentales del folklore argentino. Su trayectoria también dejó una obra autoral que tendió puentes entre la música de raíz y otros territorios de la canción popular.
Roberto Palmer, cantor y compositor nacido en General Pico, La Pampa, y figura de una de las etapas más extensas de Los Cantores de Quilla Huasi, murió en España a los 95 años. Su partida deja el recuerdo de una voz ligada a la historia de uno de los conjuntos vocales más importantes del folklore argentino y de un músico cuya obra trascendió su papel como intérprete.
Su nombre de nacimiento era Jorge Roberto Paglia. Había nacido el 24 de septiembre de 1931 en el Barrio de las Ranas, en General Pico, en el seno de una familia humilde. Allí transcurrieron su infancia y adolescencia, en una ciudad que conservaría siempre un lugar especial en sus recuerdos.
La música apareció temprano. Comenzó a cantar en una orquesta dirigida por Domingo Pellizzari y fue construyendo su experiencia entre agrupaciones locales. Sin embargo, tenía una aspiración que excedía los límites de su ciudad: quería vivir de la canción. Con el impulso de su madre, el 11 de junio de 1955 partió hacia Buenos Aires para probar suerte.
En la capital integró el Trío Azul, junto a Osvaldo Avena y Oscar Rodríguez. Aquel recorrido inicial sería el paso previo a una incorporación que marcaría definitivamente su vida artística.
Treinta y seis años con Los Quilla Huasi

El 1 de marzo de 1962, por invitación de Oscar Valles, Roberto Palmer ingresó a Los Cantores de Quilla Huasi para reemplazar a Carlos Vega Pereda. Comenzaba así una relación artística que se prolongaría durante 36 años, hasta junio de 1998.
En el conjunto compartió escenarios, grabaciones y giras con Oscar «Cacho» Valles, Carlos Lastra y Ramón Núñez, entre otros músicos que formaron parte de distintas etapas de la agrupación. Los Quilla Huasi habían construido una identidad propia dentro del folklore argentino, basada en el trabajo vocal, los arreglos y un repertorio que combinaba las formas tradicionales con una concepción musical elaborada.
Palmer fue parte de esa historia durante décadas. Recorrió escenarios de la Argentina y del exterior, y participó de la expansión internacional del conjunto. En sus recuerdos aparecen las giras europeas, los encuentros con otros artistas y la experiencia de compartir el camino con músicos que habían contribuido a renovar la interpretación de la música nativa.
En 1998 decidió dejar el grupo y radicarse en España junto a su esposa. La distancia geográfica no significó una ruptura con la música: continuó cantando, tocando la guitarra y manteniendo el contacto con colegas y amigos del ambiente folklórico.
El compositor detrás de la voz
La trayectoria de Roberto Palmer no puede contarse solamente desde su pertenencia a Los Quilla Huasi. También desarrolló una labor autoral que lo vinculó con poetas y compositores de distintas procedencias.
Una de sus obras más conocidas es «Chaya de los pobres», con letra de Ramón Navarro y música de Palmer. Interpretada por Las Voces de Orán, la canción obtuvo el Festival de la Canción de Cosquín de 1972. El reconocimiento consolidó una colaboración que forma parte del repertorio recordado del folklore argentino.
La historia de aquella composición fue recuperada por la prensa especializada, que publicó testimonios de sus autores y la letra con sus acordes. En marzo de 1972, Revista Folklore dedicó espacio al impacto de la canción y a la experiencia de Navarro y Palmer tras el reconocimiento en Cosquín.
Su producción también incluyó trabajos con Armando Tejada Gómez y Hamlet Lima Quintana, entre otros autores. Esa circulación entre músicos y poetas muestra a un creador que no quedó limitado a la interpretación de un repertorio ajeno: buscó canciones, construyó melodías y participó en la formación de un cancionero compartido.
Una historia que también se cruza con el tango

Otro aspecto menos conocido de su trayectoria fue su relación con el tango. Palmer puso música a «Las manos de Malena», con versos de Néstor César Miguens, una obra vinculada a la historia de Elena Tortolero, la cantante conocida como Malena y asociada para siempre con el tango de Homero Manzi.
Ese vínculo amplía la imagen del músico y permite situarlo en un espacio de intercambio entre géneros. Su recorrido estuvo ligado al folklore, pero su trabajo como compositor dialogó con otras tradiciones de la canción popular argentina.
El recuerdo de un Quilla Huasi
En septiembre de 2021, al cumplir 90 años, Palmer conversó con medios de General Pico desde España. En aquellas entrevistas volvió sobre su infancia pampeana, los primeros pasos musicales y la decisión de viajar a Buenos Aires. También recordó los años con Los Quilla Huasi y la vida construida lejos de su ciudad natal.
El archivo de Revista Folklore conserva otras huellas de su recorrido. En julio de 1963, la revista le dedicó una sección dentro de su álbum por el segundo aniversario, en el marco de las notas sobre los integrantes de Los Cantores de Quilla Huasi. Años después, la publicación volvió sobre su nombre a propósito de «Chaya de los pobres», una de las composiciones más destacadas de su catálogo.
Esos registros permiten seguir una trayectoria que atraviesa distintas décadas de la música argentina: desde los primeros años en La Pampa hasta la consagración con Los Quilla Huasi, desde los escenarios folklóricos hasta la composición junto a poetas de distintas generaciones.
Roberto Palmer fue parte de una formación que dejó una marca profunda en el canto colectivo argentino. También fue un músico que construyó su propio camino entre canciones, amistades y escenarios, con una vida artística que se extendió mucho más allá de su lugar de nacimiento.
Su voz queda ligada a la historia de Los Cantores de Quilla Huasi y a un repertorio que continúa circulando entre intérpretes y oyentes. Para la música popular argentina, su legado es también el de aquellos artistas que hicieron del trabajo compartido una forma perdurable de construir tradición.
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