8 de noviembre – Día Nacional de los Afroargentinos y de la Cultura Afro
Cuando hablamos de la identidad cultural argentina, solemos mencionar nuestras raíces indígenas, la herencia española y la influencia de las corrientes inmigratorias europeas. Sin embargo, hay otra raíz fundamental que durante mucho tiempo quedó relegada, cuando no directamente invisibilizada: la africana.
La presencia africana en nuestro territorio se remonta a la época colonial. Miles de hombres, mujeres y niños fueron traídos por la fuerza desde África y sometidos a la esclavitud. Su trabajo, su participación en la vida social y sus expre de losiones culturales también formaron parte de la construcción de nuestro país.
Con el paso del tiempo, distintos procesos históricos, las guerras, las condiciones de vida, el mestizaje y, especialmente, las políticas de invisibilización contribuyeron a que la población afroargentina perdiera presencia en los relatos tradicionales de nuestra historia. Durante mucho tiempo se instaló la idea de que Argentina era un país exclusivamente descendiente de europeos. Pero nuestra identidad es mucho más diversa.
¿Por qué el 8 de noviembre?
En 2013, el Congreso Nacional sancionó la Ley 26.852, que estableció el 8 de noviembre como Día Nacional de los Afroargentinos y de la Cultura Afro.
La fecha recuerda a María Remedios del Valle, una mujer afroargentina que participó en las guerras de la Independencia. Acompañó al Ejército del Norte, estuvo en distintas batallas y se destacó por su valentía y compromiso. El general Manuel Belgrano le otorgó el grado de capitana. Los soldados también la llamaban «Madre de la Patria».
María Remedios del Valle murió el 8 de noviembre de 1847. Su reconocimiento es también un homenaje a tantas mujeres y hombres afrodescendientes que fueron protagonistas de nuestra historia y que durante mucho tiempo no ocuparon el lugar que merecían en los libros.
Los afroargentinos y nuestra música popular
Cuando llevamos esta historia al terreno de la música, aparecen nombres que merecen ser recuperados.
Uno de ellos es Gabino Ezeiza, conocido popularmente como el Negro Gabino. Nacido en Buenos Aires en 1858, fue uno de los grandes referentes de la payada rioplatense. Cantor, compositor y extraordinario improvisador, contribuyó a desarrollar y popularizar el contrapunto entre payadores.
No es casual que cada 23 de julio celebremos el Día del Payador. La fecha recuerda aquella histórica payada que Gabino protagonizó en Paysandú, Uruguay, en 1884, frente al oriental Juan de Nava.
Pero Gabino no fue el único payador afrodescendiente. También encontramos a Higinio Cazón, Luis García Morel, Juan José García y Francisco «Pancho» Luna, quien además fue maestro de Ezeiza.
Es decir, hubo toda una presencia afrodescendiente en una de las expresiones más representativas de nuestra cultura criolla.
África también está en nuestros ritmos
La influencia africana no se encuentra solamente en las biografías de algunos artistas. También debemos buscarla en los ritmos, las danzas y las formas de hacer música.
La chacarera, el malambo, la milonga, el tango y distintas expresiones populares han sido estudiados desde la perspectiva de sus posibles aportes africanos.
Hay manifestaciones cuya relación con la cultura afro es particularmente importante, como la zemba y la charanda correntina, expresiones que forman parte de un patrimonio cultural que merece mayor difusión.
No se trata de afirmar que todos estos géneros tienen un origen exclusivamente africano. Nuestra música es el resultado de encuentros, mezclas y transformaciones entre distintas culturas. Pero sí de reconocer que el aporte africano forma parte de esa construcción.
El tambor también cuenta nuestra historia
Si hay un elemento que nos permite acercarnos a esa herencia, es la percusión.
Los tambores ocuparon y siguen ocupando un lugar central en numerosas tradiciones africanas. En nuestro continente, esas formas de expresión se transformaron y dieron lugar a distintas manifestaciones musicales.
Podemos pensar en el bombo legüero, tan característico de nuestro folklore, y en los tambores africanos, como el yembé o djembe. No son instrumentos iguales ni tienen el mismo origen demostrado, pero sus semejanzas son una invitación a investigar las tradiciones de percusión y sus posibles conexiones.
También están la caja, los tambores del candombe y otros instrumentos que nos permiten comprender la importancia del ritmo en nuestras músicas populares.
El tambor no es solamente un instrumento. En muchas comunidades afrodescendientes es también una forma de comunicación, de encuentro, de memoria y de transmisión cultural.
El folklore del Río de la Plata: dos orillas, una historia
Y si hablamos de herencia africana, no podemos dejar afuera al Río de la Plata.
De un lado y del otro del río encontramos expresiones populares que tienen una presencia afro muy importante.
El candombe es uno de los ejemplos más claros. En Uruguay adquirió una enorme difusión y se convirtió en una de las expresiones más representativas de su identidad cultural. Sus llamadas, sus cuerdas de tambores y sus personajes forman parte del paisaje musical de Montevideo.
Pero también existe un candombe afroargentino, especialmente el afroporteño, con sus propias características, cantos, ritmos y tradiciones familiares.
No son exactamente la misma expresión, aunque comparten raíces africanas.
También tenemos las murgas. La murga uruguaya, con su batería de bombo, redoblante y platillos, y la murga porteña argentina, con sus bombos con platillos, sus bailarines, sus desfiles y su fuerte identidad barrial.
Son expresiones diferentes, con historias propias, pero forman parte de una cultura popular rioplatense que se desarrolló a ambos lados del río, donde las influencias africanas también dejaron su huella.
Una identidad con muchas raíces
Quizás durante demasiado tiempo contamos nuestra historia musical mirando principalmente hacia Europa y hacia los pueblos originarios. Pero nos faltaba reconocer con mayor profundidad esa primera raíz que también contribuyó a construir nuestra identidad.
La herencia africana está en los nombres de algunos de nuestros artistas, en la historia de nuestros payadores, en nuestros ritmos, en nuestros tambores, en el candombe, en las murgas y en tantas expresiones de nuestra cultura popular.
Por eso, recordar el 8 de noviembre no debería ser solamente cumplir con una fecha del calendario.
Debería ser una oportunidad para revisar nuestra historia, reconocer a quienes fueron invisibilizados y comprender que el folklore argentino es mucho más diverso y rico de lo que a veces nos contaron.
Porque cuando suena un tambor, cuando se canta una milonga, cuando una murga sale a la calle o cuando una chacarera invita a bailar, también podemos encontrar huellas de esa herencia.
África también suena en nuestro folklore. Y reconocerlo es, también, reconocer una parte de lo que somos.
Por: Carlos Lucentti
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