El músico, compositor e intérprete falleció a los 59 años. Nieto de Abelardo Dimotta e hijo de Héctor Armando, construyó un camino propio dentro de una de las familias fundamentales del chamamé entrerriano, con una interpretación marcada por la profundidad de las tonalidades menores.
El chamamé despide a Ricardo Dimotta, acordeonista y compositor que llevó adelante una tradición musical familiar sin renunciar a su propia búsqueda artística. Fallecido a los 59 años, fue parte de una estirpe que dejó una marca profunda en la música del Litoral: la de su abuelo, Abelardo Dimotta, y la de su padre, Héctor Armando Dimotta, también conocido como Armando Dimotta.
Su partida, comunicada el 7 de noviembre, enluta especialmente a la música entrerriana, donde el apellido Dimotta está ligado a una manera particular de interpretar el chamamé, la chamarrita y el rasguido doble. En su acordeón convivían la memoria de sus mayores, el rigor técnico y una sensibilidad que encontraba en las tonalidades menores uno de sus rasgos más reconocibles.
Una herencia convertida en identidad
Ricardo conocía el peso de su apellido y la responsabilidad que implicaba sostenerlo. En una entrevista publicada por El Heraldo en abril de 2021, explicó que había estudiado música y composición con distintos maestros y que su propósito era respetar la tradición, pero también incorporar nuevos recursos a sus interpretaciones.
La formación académica y el conocimiento del instrumento le permitieron desarrollar una mirada propia sobre el repertorio litoraleño. No se trataba solamente de reproducir las obras de su abuelo y de su padre, sino de comprenderlas, recrearlas y mantenerlas vivas en escenarios y grabaciones.
Abelardo Dimotta fue una figura decisiva en la historia del chamamé entrerriano. Compositor e intérprete nacido en Villaguay, desarrolló un lenguaje musical que encontró en las tonalidades menores una expresión distintiva. Obras como Estancia La Isabel, El Mingo y El Carretel forman parte de ese legado que atravesó generaciones.
Su hijo Héctor Armando continuó ese camino como acordeonista y compositor. Entre sus obras se encuentra Como te extraño Villaguay, una composición que también expresa el vínculo entre la música y el territorio. Ricardo recogió ese repertorio familiar y lo convirtió en una parte central de su propia trayectoria.
Un acordeón con voz propia
Quienes se acercaron a su música destacaron tanto su dominio técnico como su sensibilidad interpretativa. En 2012, el portal Corrientes Chamamé lo presentó como uno de los intérpretes de una nueva generación que recogía directamente la herencia de sus mayores. Su manera de abordar los tonos menores evocaba la nostalgia y la cadencia características de la música del Litoral.
A lo largo de su carrera participó en escenarios y festivales vinculados al género, entre ellos la Fiesta Nacional del Chamamé, en Corrientes, y el Festival de Chamamé de Federal. En esos espacios, las composiciones de Abelardo y Héctor Armando encontraban continuidad a través de una interpretación que no buscaba borrar las huellas del pasado, sino darles nueva vida.
Su trabajo discográfico también permite recorrer distintas facetas de esa búsqueda. Dimotta por Dimotta, difundido en 2017, reunió un repertorio que enlazaba composiciones de Abelardo, Héctor Armando y otros autores con una obra propia: Tuve penas de un amor, compuesta junto a Orlando Ocampo. El álbum funcionó como una declaración de pertenencia, pero también como una manera de inscribir su nombre en una tradición que seguía produciendo música.
Otro de sus proyectos fue Natura, un trabajo de trece canciones que incorporó una formación instrumental amplia, con acordeones, bandoneones, guitarras, voces, flauta, violín y violonchelo, además de sonidos de la naturaleza. La producción fue declarada de interés cultural por el Gobierno de Entre Ríos, según consignó El Heraldo en 2021.
Ese proyecto daba cuenta de una inquietud que acompañó su recorrido: explorar diferentes posibilidades sonoras sin perder el vínculo con la raíz chamamecera.
El legado de Abelardo, una historia que sigue viva
En 2026, la historia de la familia Dimotta volvió a cobrar relevancia pública con el estreno de Abelardo Dimotta: Brujería y chamamé, una película dirigida por Mariano Beresiartu y producida por el movimiento cultural De Costa a Costa. El documental, fruto de catorce años de investigación, reconstruye la vida y la obra del músico que transformó el sonido del chamamé entrerriano.
Ricardo formó parte de los testimonios reunidos para esa producción, que buscó recuperar no solamente una trayectoria individual, sino también el contexto cultural y humano en el que se desarrolló una de las figuras decisivas de la música litoraleña.
Su participación en ese trabajo adquiere ahora otra dimensión: la de quien pudo aportar su voz y su experiencia a la reconstrucción de la historia de su abuelo, consciente de que aquella herencia era también una responsabilidad presente.
La música de los Dimotta no pertenece únicamente a los archivos ni a la memoria de las generaciones que conocieron sus primeras interpretaciones. Continúa circulando en discos, escenarios y nuevas lecturas del repertorio regional. Ricardo fue parte activa de esa continuidad, con el conocimiento de quien creció ligado a esa tradición y la voluntad de enriquecerla desde su propia formación.
Una huella que permanece
La muerte de Ricardo Dimotta deja un vacío en el chamamé, pero también invita a volver sobre una obra que merece ser escuchada más allá de la noticia de su partida. En sus interpretaciones convivían el recuerdo de Abelardo, la presencia musical de Héctor Armando y una identidad construida a través del estudio, la composición y el trabajo con el acordeón.
Su recorrido demuestra que la herencia artística no consiste solamente en conservar un repertorio: también exige interpretarlo, comprenderlo y encontrar nuevas formas de hacerlo sonar. Ricardo asumió ese desafío desde una tradición profundamente arraigada en Entre Ríos y abierta al encuentro con el resto de la música del Litoral.
Con su partida, el chamamé pierde a uno de los continuadores de la escuela musical de los Dimotta. Pero cada vez que vuelvan a sonar aquellas melodías en tonos menores, la memoria de esa familia y el camino que Ricardo construyó dentro de ella seguirán encontrando un lugar en la música argentina.
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